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Seguimos con los artículos de la maestra y pedagoga Anna Ramis, que durante este curso que celebramos el 50º cumpleaños nos acompañan para invitarnos a reflexionar.

A veces hace falta que nos volvemos a decir aquello que todos sabemos, pero que es bueno recordar. Por eso hay temas que cíclicamente vuelven a ponerse de actualidad. Si se observa bien, pero a cada vuelta que se vuelve, el tema ha evolucionado, la mirada es diferente, y los datos analizados aportan nuevos aspectos.

Este es el tema de las extraescolares: aquellas actividades educativas que los niños y jóvenes echan (más allá) del horario escolar. El proyecto Educación 360 a tiempo completo, va en este sentido: “Queremos que todo el mundo tenga más y mejores oportunidades educativas en todos los tiempos y espacios de su vida y conectar la educación y los aprendizajes entre el tiempo lectivo y el no lectivo. Queremos que cada niño y joven construya su propio itinerario vital con equidad y sin exclusiones.”

El espacio del mediodía, los comedores escolares son una extraescolar muy especial: se realiza en la escuela, fuera de horario lectivo, y con unas condiciones más similares al ocio educativo que a los contextos de aprendizaje curricular. Aun así, si enfocamos la educación desde las competencias, muchas de estas diferencias se difuminan.

En la escuela los alumnos aprenden a alimentarse bien a través del aprendizaje de contenidos específicos, pero para ser un aprendizaje realmente competencial hace falta que los contenidos aprendidos se puedan aplicar a entornos reales, a contextos cotidianos. Si los alumnos se quedan a comer en la escuela tienen una magnífica oportunidad de hacer significativos los aprendizajes y enriquecerlos con la experiencia relacional (social y afectiva) de hacer una comida con los compañeros.

Sería interesante que el equipo docente conjuntamente con el equipo de monitores del mediodía programara juntos unidades de aprendizaje sobre la alimentación como hecho de salud y como acto social, para conseguir que la comida del mediodía en la escuela sea una “actividad auténtica” y que, incluso, se pueda evaluar.

Seguro que unos alumnos que trabajan bien los contenidos sobre alimentación sana, si tienen oportunidades de elegir, pueden aplicarlos. Los alumnos que han aprendido sobre consumo de proximidad, valorarán más bien el que se encuentran al plato. Los alumnos que van trabajando para mejorar la convivencia, sabrán estar mejor en el comedor y disfrutar de una comida con los compañeros. ¡Y las familias, podemos recibir el beneficio del goce de los hijos (que comer también es un placer) y del enriquecimiento que a través suyo nos llega a los hogares!

El espacio del mediodía o los comedores escolares son una extraescolar muy especial, por la cantidad y calidad de oportunidades educativas que permiten. Las administraciones tienen que asegurar que todo el mundo quienes quiera tenga acceso (las becas comedoras), las instituciones que lo organicen (escuela, ampa, empresa proveedora) tienen que coordinarse para darle el pleno sentido educativo. Y las familias tenemos que reconocer que el comedor y el espacio mediodía es un lugar de oportunidad para el desarrollo educativo muy privilegiado, y del que podemos aprender, a través de nuestros hijos.

 

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