¡Pois saber, sabe que alimenta!

¡Pois saber, sabe que alimenta!

Desde muy pequeños, los niños en la calle, jugábamos a ayudar a mi madre en la cocina. Naranjas, patatas y lechugas escuchaban atentamente nuestras historias siempre alrededor del Monasterio. Sant Cugat se convirtió en tierra de oportunidades para mis padres, como para mucha otra gente emigrada. Trabajamos alrededor de las nuevas infraestructuras de un país que despertaba. Autopistas, industrias y la Universidad, donde muchos jóvenes procedentes de innumerables procedencias se iniciaron en eso de aprender a enseñar, aprendieron a ejercer de Maestros.

 

Si queríamos salir a jugar a la calle, teníamos que hacer primero los deberes. En aquellos tiempos, como ahora, la familia era un sin fin de abuelos, padres, hijos, primos … vecinos y clientes. Siempre había uno de esos aprendices de maestro dispuesto a ayudarnos con una redacción, y una madre, aunque no fuera tuya, encargada de darte la merienda.

 

Nuestra madre cocinaba y cocina muy bien. Nuestro padre llevaba la furgoneta repartiendo comidas y desplazando a nuestros monitores para que llegaran a las escuelas siempre a tiempo; cuidando de los hijos de los otros tanto como de nosotros. Y yo miraba todo con admiración, huyendo de la idea de hacerme cargo del negocio años más tarde. Inspirado por un cliente que siempre llevaba un sombrero de marinero, de mayor quería construir barcos y submarinos, aunque nunca había visto uno de cerca.

 

Hoy las cosas son muy diferentes. O quizás no tanto… sales de la escuela y, a veces, una vecina te recoge y te da la merienda. Para poder jugar debes o deberías hacer los deberes, si en tu escuela los ponen. Y en los comedores debemos cuidar de los niños tanto como de los nuestros… siempre escuchándolos, desarrollando un sentido crítico del consumo para hacerlos más libres e inspirándose en el descubrimiento de un estilo de vida saludable.

Ahora bien, lo que no ha cambiado es cuando, por vacaciones, vuelvo al pueblo -en mi caso a Galicia- y, al llegar, encuentro a mi tía cocinando una tortilla. Entonces le digo: ¡Tía, eso huele muy bien! y ella contesta … ¡Pois saber, sabe que alimenta!

Martí García Huesca, dirección Campos Estela

La nuestra es toda una historia. Comienza en los años 60 cuando Pepe, un gallego emprendedor, decide cumplir su sueño de pequeño conocer: Barcelona. Con tan sólo 20 años decide probar suerte. Y como muchos otros en aquella época inicia un viaje hacia Cataluña. Conoce Barcelona y, de rebote, a Maribel. Poco tiempo después Pepe García y Maribel Huesca inician todo un proyecto de vida juntos. Con ilusión, empuje y mucho sacrificio abren un bar de comidas en Sant Cugat en mayo de 1968. Se trata del Compostela, un nombre elegido en homenaje a las raíces gallegas y el origen de la actual Campos Estela.

 

EL NACIMIENTO DE LA ESCOLA DE MESTRES DE SANT CUGAT MARCA EL INICIO DE NUESTRA AVENTURA

El destino hace que el 6 de junio de 1968, a tan solo 200 metros del bar Compostela, nazca la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) e inicie su actividad académica en el claustro del Monasterio de Sant Cugat. Pocos años después se crea la Escuela Universitaria de Maestros de la UAB, con profesores procedentes de la Escola Rosa Sensat.

Desde entonces, nuestro camino queda unido al de la Escola de Mestres de Sant Cugat.

Algunos de sus estudiantes se acercan a comer en el bar Compostela y guardan muy buen recuerdo de los platos de Maribel. Cuando terminan los estudios y comienzan a ejercer de maestros le piden ayuda para poner en marcha el comedor de la escuela donde trabajan.

En nuestro guardamos muy buenos recuerdos de los años en que los estudiantes de maestros paseaban por el Camí de la Creu, nuestra calle, y se acercaban a comer algo en Compostela. De hecho, algunos de nosotros fuimos testigos de algunas de las primeras lecciones de aquellos y aquellas maestros. Y así es como empieza Campos Estela, que viene de Compostela, nuestra otra tierra.

Somos un grupo de gente agradecida de participar en la educación de sus hijos e hijas. Orgullosos de promover hábitos de alimentación saludables. Satisfechos de descubrir nuevos sabores con los niños. Contentos de innovar con nuestros proyectos educativos. Y, sobre todo, encantados de jugar y compartir un tiempo precioso con los niños y niñas, el espacio del mediodía.

Hoy en día Campos Estela está integrada por un equipo con una amplia experiencia en pedagogianutricióntecnología de los alimentosseguridad alimentaria y actividades de ocio educativo. La empresa continua siendo de carácter familiar, con la segunda generación al frente. Desde 2007, la imagen de nuestro logo es la del cocinero Julivert. Nosotros también somos de los que crecimos con las ilustraciones de la Pilarin Bayés. Y por eso, le pedimos que nos haga un dibujo sobre nuestro día a día. De esta obra original surge la imagen por la que nos conocen los niños y niñas y sus familias.